‘La torre oscura’, a toda leche

Lo sé. Soy consciente. Es de una desvergüenza sin par. Pero espero sepáis perdonármelo. Cuando escribo estas líneas estoy a un día de mi única semana de vacaciones de este verano que casi toca a su fin y tengo la cabeza en otras cosas. Disculpas adelantadas.

AUTOPLAGIO ON

Debo comenzar esta entrada dedicada a ‘La torre oscura’ (‘The Dark Tower’, Nikolaj Arcel, 2017) haciendo una confesión que quizás resulte chocante dada mi extrema filia hacia la ciencia-ficción y la fantasía: NO HE LEÍDO NUNCA NADA de ‘La torre oscura’. Cómo estáis viendo. Las causas para tamaña afrenta al seminal título de Stephen King son de índole diversa, atienden a cuestiones como lo arduo de acercarse a los ocho libros que la conforman o el hecho más personal de que alguna somera aproximación al primero de ellos se saldara con frustrantes sensaciones, pero al final son excusas que se alzan incapaces de justificar de forma plena tan amplio agujero en mi bagaje como lector.

Un agujero que, siguiendo con la honestidad, no tengo intención de tapar, al menos no en un futuro reciente, pero que no me impedía acercarme el pasado viernes al cine con enorme curiosidad para averiguar si los palos críticos y el zurriagazo que se ha metido la adaptación de las novelas de King en la taquilla —de su muy escueto presupuesto de 60 millones sólo se han recuperado en la taquilla estadounidense (la que cuenta para determinar el éxito o fracaso de una cinta) unos 38— eran merecidos o si, como ya ha pasado este verano con ‘Rey Arturo: La leyenda de Excalibur’ (‘King Arthur: Legend of the Sword’, Guy Ritchie, 2017), no había tanta verdad en las voces que se han dedicado a arremeter de forma inmisericorde contra ella y el público se ha dejado llevar, una vez más, por actitudes ajenas.

AUTOPLAGIO OFF

Si hace un par de días decíamos de la adaptación de ‘Valerian’ que el filme de Luc Besson se quedaba a caballo entre las críticas merecidas y las alabanzas también ganadas, no podemos apoyarnos en los mismos argumentos cuando de ‘La torre oscura’ tenemos que hablar puesto que, por más que sus noventa minutos se pasen en un suspiro y no de tiempo ni a meter la “a” de aburrimiento cuando ya están desfilando los créditos finales, la cinta está llena de agujeros, de personajes a medio describir y la que es su mayor virtud, su imparable ritmo, es a la vez su peor defecto, el que se intuya la vastedad que se ha quedado por definir —hay quien hace la comparación de imaginar qué hubiera pasado con cierta trilogía de Tolkien si Peter Jackson la hubiera condensado en 90 minutos— importando muy poco que se hayan leído o no las ocho novelas que conforman el universo imaginado por el de Maine.

Tanto es así, que el guión de Akiva Goldsman deposita mucho trabajo en el espectador para llenar los incontables huecos que se van diseminando aquí y allá, haciendo sólo interesante un universo que podríamos haber descrito como apasionante y que habría dado de sí para, al menos, una terna de películas. Que en los tiempos que vivimos, en los que cualquier productora de andar por casa se monta una franquicia sin pensárselo dos veces, Sony haya renunciado a dicha posibilidad metiendo tijera de forma indiscriminada a los textos de King es un indicativo tremendamente elocuente de la poca confianza que tenían en el filme, un respaldo que también pudo notarse en lo tardío de los trailers o en el anodino enfoque que se les dio a los mismos.

Es pues el que está sentado en la butaca viendo como desfilan por delante suya personajes casi unidimensionales —y aquí lo del Walter de Matthew McConaughey es de risa— que toman decisiones que en pocos instantes encuentran un fundamento sólido, sobre el que se hace descansar la responsabilidad de abrazar en mayor o menor grado la notoria indefinición del conjunto y, reduciéndolo aún más, tomárselo como una cinta de fantasía de poco calado en el que, como en muchas otras del género, un niño se alía con las fuerzas del bien para derrotar a las fuerzas del mal.

Con Idris Elba como muy convincente defensor de las primeras, y Tom Taylor haciendo lo que puede —que no es mucho— en la piel del chaval, es la dirección de Nikolaj Arcel constante motivo de desencuentro entre respetable y proyección: cuando la cinta se dedica a vagar de aquí para allá sin mucho que exponer, el cineasta danés se muestra correcto pero nunca brillante; un calificativo del que se aleja aún más cuando el metraje nos ofrece sus secuencias de acción y lo que vemos en pantalla transita entre lo insulso y lo caótico; pareja ésta de epítetos que se ajusta con bastante precisión a la totalidad de la cinta y que hacen que noticias como éstas nos hagan exclamar un sonoro WTF???!!!.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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1 Comentario

  1. A mi me pasa justo al contrario. He leído los libros y no he visto la película. Y he de decir que el formato de serie de televisión le pegaría mucho mas.

    Los libros no son una obra maestra. Sin irregulares y, como.muchas veces pasa con Stephen King, acumulan páginas a ritmo lento generando mil ideas para luego tener desenlaces frenéticos que te pegan metafóricamente al asiento. Se nota mucho que hasta el cuarto tenía una idea en la cabeza y a partir del quinto todo se vuelve excesivamente “metaking ” pero hay un pilar constante, Roland, que lo soporta todo. El cuarto libro es especialmente bueno.

    Sinceramente, te lo recomiendo… si alguna vez tienes más de una semana de vacaciones.

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