La invasión de los ladrones de cuerpos, ciencia-ficción opresiva

La invasión de los ladrones de cuerpos

Es un clásico y, como tal, da gusto aprovechar el verano para revisitarlo y reafirmarse en lo que ya se sabe: que La invasión de los ladrones de cuerpos es una extraordinaria película, quizás una de las que mejor supo captar el ambiente paranoide de los EEUU de los 50.

Basada en la novela escrita por Jack Finney y dirigida por Don Siegel, La invasión de los ladrones de cuerpos demuestra que, gracias a Dios, los cineastas de género han sabido siempre esquivar la falta de presupuesto gracias a su talento. Es más, cabe preguntarse si no será el exceso de dinero lo que está ahogando la brillantez, el genio.

El argumento es casi un arquetipo: en una pequeña ciudad americana, un conocido médico local comienza a sospechar que las personas que siempre había conocido, que trataba como sus vecinos, ya no son quienes dicen ser. Es curioso, porque hoy en día el título de la película se consideraría un espoiler, pero la maestría de Don Siegel creando atmósferas es lo que consigue que la película nunca pierda la tensión.

(Atención: esta entrada contiene spoilers)

La invasión de los ladrones de cuerpos

Más allá del mensaje, similar al que planteaba Vinieron del espacio pero mucho más oscuro, lo que hace del film de Don Siegel una película brillante e incapaz de pasar de moda es su soberbia concepción visual.

No es difícil caer en la cuenta de que el aspecto visual de La Invasión de los ladrones de cuerpos está planteado como si fuera una película de género negro , pero con matices muy importantes. La fotografía de Ellsworth J. Fredericks, por ejemplo, cuida hasta el extremo esa sensación de que cualquiera puede ser tu enemigo. Las sonrisas luminosas siempre están teñidas de cierta sombra, el aparente pueblo feliz nunca reluce como se supondría o, si lo hace, siempre tiene un contrapunto.

De hecho, este uso de los contrastes se convierte en pura maestría cinematográfico en la escena más famosa e impactante del film: El protagonista corre por la carretera, gritando a los conductores, que no hacen caso a la amenaza.

Hay momentos, como ése, en que la película se transforma en un film de terror. De hecho, huye de convencionalismos de la ciencia ficción: no hay apenas efectos especiales y la amenaza extraterrestre nunca toma forma, más allá de la humana. Sólo la aparición de las vainas certifica el hecho de estar ante un invasor extraterrestre.

La invasión de los ladrones de cuerpos

En el desarrollo del film, en su perfecto ritmo (un crescendo tan obsesivo y agobiante como la propia invasión), tiene gran importancia la interpretación de Kevin McCarthy, un actor de lujo pese a ser ésta una película de serie B. El momento en el que su personaje descubre que los besos de Dana Wynter ya no son lo que eran, así como ese progresivo acercamiento al abismo de la locura, son fundamentales para que el espectador nunca se salga del film.

La invasión de los ladrones de cuerpos se cierra con un final feliz impuesto, que Don Siegel nunca había pensado, pero al que se tuvo que adaptar. Sin embargo, esa obligación externa no arruina para nada la sensación de haber vivido una experiencia agobiante. De hecho, pensándolo bien, la resolución del film no acaba con el temor: el peligro continúa, «tú puede ser el siguiente».

Una maravilla, un 10.

En Blogdecine | La Invasión de los ladrones de cuerpos, obra maestra del cine fantástico

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Roberto Jimenez @fancueva

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