‘Jurassic World. El reino caído’, ¡chapeau, sr. Bayona!

Cuando se cumplen 25 años desde aquella lejana vez en que nos dejamos asombrar y maravillar en nuestra sala de cine habitual por unos dinosaurios que parecían tan reales como la vida misma —‘Parque Jurásico’ (‘Jurassic Park’, Steven Spielberg, 1993) fue estrenada en Estados Unidos tal día como hoy de 1993— cabría preguntarse, ante el estreno de esta su quinta secuela, si la franquicia iniciada por Universal y Amblin a principios de la década de los noventa goza de una salud inmejorable o si, por el contrario, este continuar inmersionando en las aguas que rodean isla Nublar ya da muestras más que evidentes de cansancio y mejor sería que las mentes pensantes de ambas productoras dejaran estar lo que ya no es capaz de ofrecer nada novedoso.

La respuesta a tal pregunta tiene un poco de ambos mundos dependiendo en dónde centremos nuestro foco de atención en esta ‘Jurassic World: El reino caído’ (‘Jurassic World: Fallen Kingdom’, J.A.Bayona, 2018). Si lo hacemos en la por momentos portentosa dirección del responsable de ‘Lo imposible’ (id, 2012) o ‘Un monstruo viene a verme’ (‘A Monster Calls’, 2016), la respuesta no podrá ser más contundente: la saga del parque plagado de dinosaurios nunca ha estado tan alta desde su comienzo. No obstante, si atendemos a ese asunto tan relevante que es el guión, la respuesta huirá rauda de resultar tan categórica por cuanto lo que aquí plantean Colin Trevorrow y Derek Connolly no podría hundir más sus raíces y beber de manera más directa del manantial que es la cinta que dio origen a todo.

Y, sí, los planteamientos de ‘Jurassic World: El reino caído’ podrían haber sido más similares a la de ‘Parque Jurásico’, pero entonces habríamos estado hablando de un reinicio de la saga más que de una quinta secuela. Sus similitudes pasan por asimilar la estructura de la cinta dirigida por Spielberg y guionizada por David Koepp otorgando al primer y segundo acto un tono de cualidades épicas y de escenario abierto que tiene como telón de fondo la inmensidad de la isla para, en el clímax, encerrar la acción en un entorno mucho más controlado y opresivo: en ‘Parque Jurásico’ eran las instalaciones del complejo recreativo, en ésta es la mansión de un millonario que los guionistas se sacan de la manga para relacionarlo con Hammond, el impulsor del parque interpretado por Richard Attenborough hace dos décadas y media.

Volver a echar mano de esta secuenciación, cosa que ninguna de las anteriores secuelas había hecho —al menos no de manera tan descarada—, se une a algo que, en opinión de este redactor, siempre resulta letal para cualquier película que se precie: lo muy previsible de su trama. Seamos francos, ‘Jurassic World: El reino caído’ no alberga ninguna sorpresa de esas que estimulen nuestra atención a lo largo del metraje, y se limita a ofrecer un espectáculo muy bien orquestado que sabe qué resortes debe ir tocando para mantener al espectador entretenido…y poco más.

Es tan fácil anticiparse a todo lo que va a ocurrir, tan obvios los derroteros por los que van a discurrir según que sub-tramas —la inclusión con calzador de la niña de rigor podría haberse evitado por completo y el filme habría salido muy beneficiado— y tan trillados los arquetipos sobre los que se construyen los villanos de la función, que el mejor consejo que puedo daros de cara a disfrutar de manera más o menos plena de la misma es acercaros al cine sabiendo que lo vais a ver apuesta sobre seguro y no trata, en ningún momento, de innovar sobre el tejido existente. Bueno, menos si a la dirección nos referimos, claro.

Ya lo decía en el segundo párrafo, el músculo que Bayona demuestra —vuelve a demostrar, cabría apuntillar— con esta su cuarta producción es de tal calibre, que no sería descabellado equiparar su trabajo tras la cámara con el que Spielberg llevó a cabo en la primera entrega —y también en la segunda, por supuesto—: pleno en recursos y maravilloso en la construcción de ambientaciones que destilan tensión, la experiencia acumulada del español le sirve para manejar a placer los muy diferentes ámbitos en los que se mueve el metraje, ya sean los instantes en los que la pantalla se inunda de acción por los cuatro costados, planteados con una claridad narrativa soberbia, ya aquellos que requieren de la precisión y la contención para sumir a la platea en un terror de esos que, por más que anticipes la resolución de la escena de turno, te atenaza de manera irremisible.

De acuerdo, cuando se ha de valorar el conjunto en su totalidad, teniendo en cuenta todos los aspectos artísticos que engloba la producción, el esfuerzo de Bayona por hacer sentir su personalidad y, en parte, mimetizarse con ciertos planteamientos “Spielbergianos” queda desleído en un conjunto excesivamente blanco, un filme controlado por la major que lo produce que, insisto, no pasa de ser un estupendo entretenimiento que tan pronto se consume comienza a perderse por los recovecos de una memoria en la que, sin embargo, permanecen grabados a fuego aquellos instantes en que, por primera vez, avistamos un dinosaurio en la gran pantalla y creímos, a pie juntillas, que aquello podía ser verdad.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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