‘I Kill Giants’, un monstruo viene a verme

Dos son las circunstancias, una a priori y otra a posteriori, que concurren en la apreciación de ‘I Kill Giants’ (id, Anders Walter, 2017), como dos son las formas que se abren ante nosotros a la hora de valorar el resultado final de esta adaptación del cómic homónimo firmado por Joe Kelly —que se encarga del guión de la película— y nuestro Ken Niimura. A priori, el sobresaliente recuerdo de la historia publicada por Image entre 2008 y principios de 2009 provocaba cierta expectación hacia lo que íbamos a encontrar en un filme que, por lo que adelantaba su único trailer, parecía proponerse ser lo más fidedigno posible a lo que Niimura planteaba en unas páginas llenas de ritmo y rebosantes de simpatía y buen hacer por parte del español.

Llevado pues por tal sensación, la de la seguridad de encontrar un producto bien cuidado que no traicionara la esencia del cómic original y que sólo mutara aquello que hiciera falta para acoplarse a las diferentes necesidades narrativas del séptimo arte, es no obstante otra muy diferente la que domina toda la proyección y la que pesa sobremanera sobre la apreciación final de ‘I Kill Giants’. Y esa no es otra que las tremendas similitudes entre la historia pergeñada por Joe Kelly y aquella con la que, primero Patrick Ness y después J.A. Bayona, nos dejaron demolidos al contarnos, en novela y cine, ‘Un monstruo viene a verme’ (‘A Monster Calls’, 2016). Pero aquí es necesaria una aclaración.

Cuando en 2016 acudí al cine a ver la taquillera cinta de Bayona, hacía ocho años de la lectura de ‘I Kill Giants’ y no llegué a poner el dedo sobre qué resultaba tan familiar del filme. Cosas que pasan cuando se lee tanto cómic al cabo del año y lo que le queda a uno de las mejores lecturas que hace son sensaciones genéricas, no recuerdos precisos. El caso es que, viendo el otro día ‘I Kill Giants’, la conexión de la historia de Barbara y los gigantes contra los que lucha con la de Connor y el monstruo que le visita fue instantánea, y hubiera restado muchos enteros a la valoración de la presente producción sino hubiera sido por un pequeño detalle: ‘I Kill Giants’ es de 2008, ‘A Monster Calls’, la novela, fue publicada en 2011. Saquen ustedes conclusiones.

Dejando de lado las circunstancias que podrían confluir en la apreciación de ‘I Kill Giants’, y teniendo claro que una cosa son expectativas y sensaciones familiares, y otra muy diferente lo que uno saca en claro de una película, sin dejarse contaminar por disquisiciones paralelas, decía al comienzo que la valorar esta adaptación puede acometerse de dos maneras bien diferentes. Una, como adaptación; la otra, como producción cinematográfica a secas. Y aunque ambas, como veremos, conectan en ámbitos puntuales, intentemos separarlas comenzando por la segunda.

El buen pulso que Anders Walter ejerce sobre todo el conjunto, y la forma que muchas de sus decisiones, no ya narrativas —que a fin de cuentas vienen determinadas, aunque sea en parte, por el guión de Kelly— sino de encuadres y angulaciones, miran hacia las viñetas de Niimura, se alzan como lo mejor que ofrece ‘I Kill Giants’. Encontrando asimismo no pocas fortalezas en un reparto sólido encabezado por esa adolescente prodigio que es Madison Wolfe, que ya nos había dejado anonadados con ‘Expediente Warren: el caso Enfield’ (‘The Conjuring 2’, James Wan, 2016) y que aquí confirma, con un personaje tan complejo como el de Barbara, que lo suyo “no es muy normal”; ‘I Kill Giants’ peca no obstante de un excesivo dramatismo que, cuidado, presente en el cómic, allí era manejado de forma bastante más hábil, algo que servidor achacaría sin duda a las diferentes maneras en que nuestros sentimientos se enfrentan a la lectura de un tebeo y tratan de copar con los mismos cuando son actores de carne y hueso los que los trasladan.

Producción más o menos notable si ha de valorarse de forma aislada, es cuando inevitablemente se la compara con el cómic —y para poder hacerlo con rigor, revisé el trabajo de Kelly y Niimura antes de aproximarme al filme— cuando ‘I Kill Giants’ retrocede algún que otro escalón, y todo por una decisión que, aunque comprendo, no termino de compartir. Y me explico: lidiando con la forma en que una adolescente afronta un momento personal cargado de dolor, tanto viñetas como fotogramas avanzan por senderos muy similares no dejando nunca claro si esos gigantes a los que se enfrenta Bárbara son reales, o no son más que la imaginativa forma que tiene la adolescente de afrontar sus miedos. Pero allí donde la lectura dejaba la puerta mucho más abierta a la fantasía, el filme se ancla más en la realidad, evitando ceder terreno a que la descomunal amenaza final sea algo más que un “delirio” de la febril imaginación de la protagonista.

Si bien no sirve para arruinar la función, ni mucho menos, tal decisión no termina siendo del agrado de este redactor por más que la entienda debido, como vengo diciendo en las últimas semanas, a la necesidad de una cinta de responder a diferentes requerimientos que aquellos a los que responde un cómic o un libro. Tengamos en cuenta o no dicha cualidad, no deja de ser cierto que ‘I Kill Giants’, con sus limitaciones, es una muy digna adaptación y una producción que, con sensibilidad, se aproxima con fortuna a aquello que nos trasladaba un tebeo cuya lectura, película mediante o no, es obligada para todo amante del buen cómic.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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