‘Gru 3. Mi villano favorito’, tontería desestructurada

Cuando pasen los años, miremos hacia atrás y recordemos la saga de Gru que sirvió para levantar Illumination Pictures —una productora que, esperemos, sepa sobrevivir al éxito de su criatura y reinventarse en nuevos términos— lo más probable es que lo único que nos venga a la memoria sean los minions, esas entrañables y cachondas criaturas amarillas que, robando el protagonismo de cada una de las tres cintas que hasta ahora se han producido con el villano redimido como protagonista, protagonizaron la que sin duda es, quizás no la mejor —todas se mueven en el mismo nivel de irregularidad— pero sin duda sí la más divertida y entretenida de todas las que han acontecido en tan alocado microcosmos.

Sin ser ninguna maravilla del séptimo arte, ‘Los minions’ (‘Minions’, Kyle Balda, Pierre Coffin, 2015) era tan absurda y desopilante que dejaba muy atrás a sus dos predecesoras y, ante el caos que se desplegaba delante de nuestros ojos el pasado viernes mientras soportábamos ‘Gru 3. Mi villano favorito’ (‘Despicable Me 3’, Kyle Balda, Pierre Coffin, Eric Guillon, 2017), queda claro —o al menos le queda claro a este redactor— que Illumination debería abandonar todo intento de seguir abundando en una franquicia que, no cabe duda, le ha reportado pingües beneficios en términos de merchandising, pero que a nivel artístico ha tocado fondo con este batiburrillo sin orden ni concierto que es la tercera parte de las aventuras de Gru.

Paradójicamente, sobre el papel, ‘Gru 3’ partía con una ventaja que, de haberse aprovechado como era debido, habría podido colocar a la cinta muy por delante de sus antecesoras. Tamaña ventaja de partida era debida al malo de la función, una estrella infantil televisiva de los ochenta que no pudo superar el que su serie fuera cancelada cuando su protagonista dejó atrás la infancia y que, ahora, convertido en adulto, sólo quiere ejecutar el plan que se podía ver en uno de los capítulos de la cabecera emitida tres décadas antes. Las coñas y bromas acerca de tan añorada década, tratadas de forma más inteligente y sutil de cómo lo hace ‘Gru 3’ habrían dado para mucho más que el espléndido arranque de la acción y alguna otra tontería aislada perdida entre tanto ruido y tanto cambio de escenario inútil.

Porque, si algo resulta molesto hasta decir basta en ‘Gru 3’ es que, en aras de no dejar que la atención del público decaiga, la acción se divida en tres o cuatro frentes llegado el momento contando, a saber, con aquello que corresponde a Gru y su familia —que da para dos o tres líneas argumentales—, aquello relacionado con Balthazar Brat —el malo maloso— y lo que corresponde a los minions, que van por su cuenta durante todo el núcleo central de la proyección. Lejos de conseguir su cometido, tanta diversidad de líneas argumentales aburre a las piedras, y si lo que le pasa a Gru, a Suzie, a las niñas y a su insoportable hermano es por soporífero en según que minuto del metraje —¿qué diantres aporta todo lo relativo al unicornio y al chaval rechoncho?—, lo mismo se puede afirmar, más o menos, tanto de lo que sucede en la base en forma de cubo de Rubik del insufrible villano —mención aparte merece el horrendo doblaje del mismo— como de aquello que les va pasando a los minions, desaprovechados hasta límites incomprensibles.

Con tanto tira y afloja en una dirección y otra, la paciencia del respetable —y no sólo la mía como progenitor, sino la de mi hija de cinco años como target fundamental de una película que le aburrió como una ostra— se agota a pasos agigantados, y ni siquiera la confluencia lógica y más que esperable de todos los frentes que el guión abre en su tramo central es capaz de salvar un desastre inconsistente que ni tiene el encanto de la primera parte, cuando todavía había capacidad para la sorpresa, ni la gracia sin pies ni cabeza de la cinta en solitario de los minions. Por terminar en una nota menos negativa, apuntaría a una dirección imaginativa y, desde una óptica positiva, presa de un ritmo frenético, como lo escaso a destacar de este vehículo bobalicón y carente de carisma que, reitero, debería servir para poner fin de una vez a las aventuras de Gru.

Etiquetas

Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

Compartir este Artículo en

Deja un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.