‘El Grinch’, espíritu navideño

Comencemos con una serie de confesiones. No he leído nada del Dr. Seuss. Ni cuando era niño —esa época en la que devoraba todo lo que caía en mis manos en términos literarios—, ni siendo adolescente, ni ahora que soy padre y podría haber aprovechado para hacerme con alguna edición en castellano que poder leerle a mi pequeña. Sigamos. No vi la adaptación de ‘El Grinch’ que Ron Howard y Jim Carrey llevaron a cabo hace casi veinte años por razones que iban desde el desinterés por aquello sobre lo que se movía la cinta hasta la mínima capacidad de aguante que por aquél entonces le tenía al histriónico actor —una percepción que, sólo alterada por ‘¡Olvidate de mi!'(‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’, Michel Gondry, 2004) y por el fantástico trabajo que ha hecho el actor en la sorprendente ‘Kidding’—.

Tan pobres antecedentes están compensados, al menos a mis ojos, con el hecho de que, por muy desconocedor del universo literario del famoso escritor estadounidense que pueda ser en su vertiente impresa, sí que me he acercado a dos de las adaptaciones animadas que se han estrenado de sus alocadas historias en este siglo. Me estoy refiriendo, por si alguien no lo sabe, a la genial ‘Horton’ (‘Horton Hears a Who’, Jimmy Hayward, Steve Martino, 2008) y a la entretenida, aunque no tan brillante, ‘Lorax: En busca de la trúfula perdida’ (‘The Lorax’, Chris Renaud, Kyle Balda, 2014), ejemplos ambos del rico y fértil imaginario que legó ese narrador y dibujante llamado Theodor Seuss Geisel.

Como quiera que el séptimo arte es un mundillo cíclico que, de cuando en cuando —y cada vez con menor tiempo de rotación— vuelve sobre las mismas historias y adaptaciones, no fue una particular sorpresa el que los chicos de Illumination, los responsables de los dicharacheros Minions, anunciaran el estreno de cara a la temporada navideña que ya podemos dar por arrancada —aunque ya haga cosa de un mes que hay dulces de la época festiva en todos los supermercados de España— una nueva traslación de la historia de esa criatura desagradable, apática, solitaria y envidiosa que, incapaz de recibir el final de año con la felicidad que embarga al común de los mortales, se propone arruinarles robarles la Navidad a los habitantes del pueblo cercano sin saber que, al hacerlo, su triste y grisácea existencia está a punto de cambiar.

Relato plagado de buenos sentimientos y de un espíritu que celebra con optimismo cualquier revés y cualquier adversidad, bien podríamos considerar que esta nueva versión ‘El Grinch’ (‘The Grinch’, Yarrow Cheney, Scott Mosier, 2018) no aporta nada a lo que ya nos ofrecieran, no sólo Ron Howard sino, sobre todo, Chuck Jones y la famosísima versión del cuento que el legendario animador produjera para la Warner allá por 1966 y que, en consecuencia, mejor destinar nuestros euros a lo que proyecten en otra sala de nuestro multicines más cercano. Podríamos, sí, pero estaríamos perdiéndonos la posibilidad de acercarnos a un filme con una animación espectacular que, sin necesidad de actualizar nada de lo que ya pudiéramos haber visto antes, sirve al honorable propósito de que las nuevas generaciones se dejen conquistar por el humor de tintes negros que desprende ese personajillo verde que es el Grinch y por el candor y la inocencia de la que hacen gala todos los habitantes de Villaquién en general y Cindy-Lou, la niña que jugará el papel más relevante en la transformación del protagonista.

Dirigida con un ritmo que no da respiro durante su muy ajustado metraje de 86′, acaso lo más destacable de ‘El Grinch’ al margen de su animación, sea el espléndido trabajo que hace Danny Elfman en los pentagramas, calzándose para la ocasión los mismos zapatos que llenaran de magia la partitura de ‘Eduardo Manostijeras’ (‘Edward Scissorhands’, Tim Burton, 1990) y, en una práctica a la que ya sólo rinden pleitesía los nombres que hicieron grande la música de cine hace dos o tres décadas, consiguiendo sonoridades que sumen, que aporten algo a las imágenes y no se limiten a acompañarlas de cualquier manera, como si las melodías fueran algo casual que nada tiene que ver con la acción: de acuerdo, hay mucho “mickey mousing” —subrayar la acción de manera cuasi literal con la música— pero queda perfectamente justificado e inserto en un conjunto con momentos de gran belleza formal.

Una belleza que no se le escapó a mi vástago, esa pequeña de siete años que es siempre el mejor termómetro con el que medir la eficacia de cierto tipo de cine y que rió, se emocionó y vibró con cada loca ocurrencia, cada momento de ternura y cada locura visual que ‘El Grinch’ puso delante de su mirada. No hay mejor recomendación que pueda ofreceros, queridos lectores, que la que se deriva de la oración anterior. Bueno, quizás sí, quizás habría que añadir que, aunque vaya a hacer las delicias de los más pequeños de la casa, ‘El Grinch’ es un filme capaz de encandilar el corazón de un adulto. Y para que lo consiga, un pequeño truco, dejarse en la puerta de la sala cualquier prejuicio y entrar en ella con el mismo gozoso ánimo de aquellos a quiénes vamos acompañando.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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2 Comentarios

  1. La vi el domingo e iba dispuesto a dormir un ratito, pero he de decir que me sorprendió mucho. Estoy de acuerdo con todo lo que comentáis (cindy lou es una réplica preciosa de Agnes la hija de Gru), pero por añadir algo diferente, simplemente decir que incluso las pocas veces que los personajes hablan en verso quedan bien, casi como parte de toda la acción y música (¿una especie de rap melódico?). Recomendable para los más pequeños y razonable para los que les acompañan.

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