‘El bebé jefazo’, risas bienintencionadas

Obsesión cuasi permanente del cine estadounidense desde siempre, y asunto de fondo o de superficie que acarrean un altísimo porcentaje de las producciones de animación —empezando y terminando, cómo no, por las películas de la Disney—, la importancia de la familia es quizás más que ningún otro el mensaje por excelencia de la idiosincrasia yanqui. Y si bien podría parecer que después de tantas décadas bombardeándonos con él, insistiendo en que hay que conservar los valores familiares, en que la familia es lo primero y bla, bla, bla, ya podrían cambiar de tonadilla, lo cierto es que en este momento histórico que nos ha tocado vivir, en el que el tejido social está lleno de ideas erróneas acerca de la identidad, de quiénes somos y, sobre todo, de qué manera hemos de definirnos, no está de más que una película como ‘El bebé jefazo’ (‘The Boss Baby’, Tom McGrath, 2017) eche mano de ciertos valores que serán considerados por muchos como rancios y obsoletos pero que, como digo, vienen muy bien refrescar.

Con la familia pues como motor fundamental sobre el que transcurre todo el metraje, es no obstante la sutileza con la que lo maneja la cinta, sin caer en maniqueos recursos, una de las mejores bazas que juega, de cara a niños y grandes una producción que, dejándose impregnar por ese equilibrio, es capaz de aludir a ambas generaciones. Para los mayores que acudimos acompañados de nuestros vástagos, ‘El bebé jefazo’ nos guarda infinidad de chistes y no pocos guiños que apuntan, bien a lo cinéfilo —atención al momento Indiana Jones— bien a lo melómano, citando el score de Steve Mazzaro y Hans Zimmer a ‘Los Planetas’ de Gustav Holst en, si no me falla la memoria, hasta dos ocasiones diferentes o al ‘Romeo y Julieta’ de Prokofiev.

Saliendo de ese coto en el que sólo podremos movernos con comodidad los padres, son la universalidad del humor y un derroche constante de imaginación lo que la producción de la Dreamworks ofrece como plato fuerte de esta historia sobre un bebé parlante que tiene como misión acabar con el pujante ascenso de las mascotas como objetos del cariño en los hogares de nuestro planeta. Tal premisa, respaldada por la existencia de una corporación de bebés que son seleccionados al ser “creados” para controlar que los papás los queramos y les dediquemos todo nuestro tiempo, es prueba más que fehaciente de que la imaginación no es un problema, como afirmaba al comienzo del párrafo, ni para Michael McCullers —el guionista encargado de adaptar el libro original de Marla Freeze— ni para Tom McGrath, cineasta encargado de orquestar la función.

Sin que pueda ser tachada de genial, la realización de McGrath y la abundante variedad de recursos de los que tira, visualizando a lo largo de todo el metraje la febril creatividad de Tim, el sufrido niño de siete años a cuya casa va a parar el bebé jefazo, es motivo de constante llamada de atención sobre un espectador que lo último que podrá afirmar sobre la cinta es que le ha aburrido: resulta imposible apartar la mirada de un metraje que no para, que siempre busca ese resorte escondido para arrancarnos una carcajada y que, cuando no lo consigue, logra sorprendernos por cuenta de una variedad visual extrema. De acuerdo, ni es una obra maestra ni deja huella como cualquiera de los tres mejores títulos animados que nos llegaron el año pasado, pero no deja de ser cierto que ‘El bebé jefazo’ consigue de sobra lo que se propone y que uno sale de la sala con una sonrisa de oreja a oreja achuchando todo lo que puede a esa personita que llena de luz nuestros días y que, cuidado, seguro que habrá disfrutado muchísimo más que nosotros de tan entretenidísima función.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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