Cuatro películas con las que olvidar Ultimátum a la Tierra

Pese a que ya iba avisado por la reseña de Roberto, este fin de semana aproveché para ponerme al día con la cartelera y ver el remake de Ultimátum a la Tierra protagonizado por Keanu Reeves, Jennifer Connelly y el hijo repelente de Will Smith. La película es floja por muchos motivos pero el principal para mi es que pretende construirse sobre el guión en lugar de los efectos especiales y las escenas de acción (ambas brillan por su ausencia). Esto debería de ser una virtud, pero nunca cuando el guión se reduce a un simple “- Klaatu: Vengo a destruir la tierra. – Chica: No por favor, danos otra oportunidad. – Klaatu: No. – Chica: Venga, porfaaa. – Klaatu: He dicho que no. – Chica: Veengaaaaa… – Klaatu: Bueeeeeno.”

En fin, que no se puede hacer una película de ciencia ficción seria, entendiendo por seria cuando el argumento tiene cierta enjundia y prima sobre las naves y los bichos, con un guión inexistente, torpe y carente del menor atisbo de ritmo. Ojo, Ultimátum se deja ver, pero pasará a la historia simplemente como un innecesario remake más. Dicho esto, y como ya anunciaba en el título, os dejo con una pequeña selección de películas de ciencia ficción para los amantes del género y, por qué no, del buen cine.

4. K-pax

Iain Softley (2001). Kevin Spacey y Jeff Bridges protagonizaron esta versión extraterrestre (y sin amoríos) de Don Juan DeMarco en la que el primero es internado en el Centro Psiquiátrico de Manhattan por afirmar que procede de un planeta llamado K-PAX. Mark Powell (Bridges) empezará a tratar a Prot pero pronto comenzará a dudar considerando seriamente posibilidad de que en realidad dice la verdad.

3. Contact

Robert Zemeckis (1997). Basada en la novela de Carl Sagan tenemos esta historia sobre la búsqueda de vida en otros planetas cargada de interesantes reflexiones científicas, filosóficas y religiosas. Eleanor Arroway (Jodie Foster) es una brillante científica dedicada en cuerpo y alma a la búsqueda de señales de inteligencia extraterrestre mediante el programa SETI, motivo por el que es ridiculizada por sus colegas hasta que logra captar un mensaje procedente de Vega con lo que resulta ser el esquema para una nave con capacidad para un único pasajero.

2. Gattaca

Andrew Niccol (1997). Luisfer ya se deshacía en elogios en su reseña de esta maravilla de la ciencia ficción en particular y del séptimo arte en general, y yo no puedo hacer más que secundarlo. En un futuro no demasiado lejano donde la selección genética es una práctica habitual y las personas concebidas de forma natural son discriminadas de forma sistemática, Vincent Freeman (Ethan Hawke), un “no válido” luchará por lograr su sueño de viajar al espacio aunque para ello tenga que renunciar a su propia identidad.

1. Hijos de los Hombres

Alfonso Cuarón (2006). Otro futuro distópico aunque mucho menos pulcro que el propuesto en Gattaca. No situamos en el año 2027, 19 después del nacimiento del último niño ante un inexplicable fenómeno global que parece haber condenado a la raza humana a la extinción. Gran Bretaña es uno de los pocos países que mantiene algo de orden mediante una política dura y totalitaria que no muestra la menor piedad con el incesante flujo de inmigrantes que llega a sus costas, y que son deportados o encerrados en caóticos campos de refugiados. Theo Faron (Clive Owen) es un antiguo activista rendido al desánimo que inunda el mundo hasta que recibe de imprevisto una petición de Julian (Julianne Moore), su antigua compañera sentimental y de armas: ayudarla a sacar del país a Kee una refugiada con un secreto que podría devolver un futuro al mundo.

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Miguel Michán @miguelmichan

He visto más películas de ciencia ficción y terror de las que mis padres deberían haber permitido. He pasado noches en vela encarnando a un poderoso mago neutral malvado. He llorado con algún que otro juego de Square. Y hasta llegué a convertir mi pasión por el manganime y la cultura japonesa en una forma de ganarme la vida cuando, en Noviembre de 2000, creé Shirase, una revista especializada que dirigí durante tres años mientras colaboraba en las revistas Dokan y Minami. Así que sí, puede decirse que llevo con orgullo eso de ser un friki como la copa de un pino. ¡A mucha honra!

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