‘Colossal’, decepcionante

La originalidad de su propuesta inicial —uno siempre saliva cuando aprecia riesgo en un filme adherido al fantastique—, el hecho de venir dirigida por un español y el valor añadido de contar con Anne Hathaway —debilidad personal— hacían de ‘Colossal’ (id, Nacho Vigalondo, 2016) un filme tremendamente apetecible que lo era aún más si cabe si se hacía caso a las buenas críticas que había ido recogiendo desde que el pasado año se hiciera con el premio del Fantastic Fest de Austin o fuera recibida con algarabía por la crítica tras su paso por Sitges. Ahora bien, ¿qué hemos dicho por estas mismas líneas una y otra vez acerca de las expectativas? Que suelen jugar malas pasadas y que, cuanto más altas son, más oposición postulan hacia la apreciación del título de turno. Y eso le pasa a ‘Colosal’, al menos en parte.

Porque sí, es fantástico tener la excusa de que “la cinta no ha cubierto las expectativas puestas en ella” pero, a la hora de la verdad, dicha justificación debe estar apoyada por hechos concretos, afirmaciones que discreticen aquello que no ha convencido de la película en cuestión y que expongan con claridad y sin recovecos los por qués de la decepción. Y esos por qués son muy fáciles de identificar cuando de lo que estamos hablando es de ‘Colossal’, fallando la cinta de Nacho Vigalondo en varios frentes que, sin herirla de gravedad, sí que provocan un paulatino distanciamiento del respetable hasta conseguir que nos importe muy poco el tramo final de la proyección.

Fundamental punto de apoyo para dicho distanciamiento es el muy limitado empaque que atesoran los tres protagonistas —dos sí sólo quisiéramos contar a Hathaway y Jason Sudeikis—, el casi inexistente carisma que la pareja principal detenta y la nula química que Vigalondo consigue extraer de ambos. Crucial para una cinta como ésta tan basada en los personajes, que cuando vemos a Hathaway y Sudeikis en pantalla nos importe entre poco y nada lo que pueda sucederles más allá de saber cuál es su conexión con las gigantes criaturas que aparecen en Seúl es un hecho que pone una tremenda zancadilla a la proyección. Poco sorprendente en el caso de Sudeikis —un tipo que nunca me ha hecho la menor gracia— he de confesar que ver a Hathaway pasearse con cara de pánfila y descolocada funciona y resulta cómico durante los primeros minutos de metraje pero, trascendidos éstos, que su personaje carezca de evolución termina convirtiéndose en una considerable molestia.

Comprendo perfectamente la intención de director y actriz tras tal composición y, aún más, que en la confluencia de géneros que es ‘Colossal’, sea el análisis de la depresión, de sus causas y consecuencias, y de la soledad a la que casi se ve abocada la protagonista femenina, lo que esté detrás de todo el trasunto del filme. Pero lo que no acepto de buen grado es que dicha vivisección, que se podía haber construido de muchas y muy diferentes maneras sin necesidad de acercarse al obvio drama existencialista, tome la forma de un filme fantástico en el que lo fantástico sólo sirve como catalizador último para cierta ruptura del personaje de Hathaway.

Es loable, porque una cosa no quita a la otra, que Vigalondo haya conseguido poner en pie una película de “kaijus” con un presupuesto que, sin cifras concretas, entiendo que debe haber sido cuanto menos “modesto”; y también lo es, al margen de la idea que sustenta todo —original como ella sola— el que, en contraposición a sus anteriores producciones, ésta no pinche en su último acto; pero ambos factores no suman suficientes enteros como para suplir una realización con instantes brillantes, sin duda, pero algo anodina en su conjunto. Una que, unida a esa ausencia de chispa entre los actores, determina en buena parte el que a ‘Colossal’ le falte algo, un algo inaprensible, que aquí y allá se materializa en detalles, en recursos poco pensados o en giros que pretenden ser inesperados pero que no lo son en absoluto. ¿Podríamos llamarlo “magia”? Sí, podríamos. Una magia buscada de forma denodada pero no encontrada en última instancia. Que el cine es mágico, sí, pero no siempre.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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