‘Cinebasura. La película’, ¡¡¡ATCHÓN BURIKE!!!

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Hablar de una amistad en términos de tiempo es algo que nunca me ha terminado de convencer puesto que hay mucho valores que determinan la solidez de una relación que nada tienen que ver con el transcurso de los años. Pero claro, si esos años son tantos como 27, quizás no sea tan baladí contar con el recorrido del tiempo como uno de los más rápidos exponentes del alcance de la camaradería y complicidad que existe entre dos «onvres». Y sí, esos son los años que hace que conozco a Paco, un chaval nervioso y en constante agitación con el que conecté de manera inmediata el primer día de instituto allá por el lejano 1989; con el que compartí incontables ratos de «frikismo» de toda índole durante aquellos cuatro años en los que fuimos transitando del B.U.P al C.O.U —en serio, hubo de todo, desde música a mucho cine, pasando por cómics, literatura y, cómo no, el fascinante mundo del porno— y con el que, a pesar de las distancias, sigo a día de hoy tan unido como nos lo permiten los muchos kilómetros que separan a nuestra ciudad natal de la capital española.

Huelga pues afirmar que, a la hora de abordar una crítica medianamente seria de ‘Cinebasura. La película’ —que no objetiva, cuidado, que eso no existe en la crítica de cine— es mucho el peso que carga sobre los hombros de este redactor por cuanto, sabiendo como sé el alcance de los esfuerzos, de los infinitos desvelos y los mayores problemas que ha generado la producción de este sueño largamente acariciado por mi más viejo amigo, cuesta, y cuesta mucho, valorar los noventa minutos de metraje que ocupan este homenaje a la vertiente más casposa del séptimo arte sin dejarme llevar por el corazón y no por una mirada fría que viviseccione, y lo haga sin miramientos, qué hay de positivo entre el maremagnum de ideas que arroja —que vomita, cabría decir— tan singular proyecto.

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En aras de hacer suyo el discurso de un cine sobre el que llevan años dando la tabarra en diferentes medios —ya en Vicisitud y Sordidez, ya en Videofobia, ya en cualquier oportunidad que se les haya plantado por delante— y que en no pocas ocasiones está más allá de cualquier cualificación —en otras palabras, al que lo de serie B o serie Z se le empieza a quedar corto— Paco Fox y los hermanos Viruete redactan un argumento que, convertido en guión de mano de Fernando Hugo Rodrigo no tiene ni pies ni cabeza…o al menos eso parece. Lo que si resulta bien complicado es tratar de adelantar una sinopsis algo detallada y que se separe de la premisa argumental acerca de tres protagonistas que intentarán salvar al mundo de la alocada invasión de ideas del cosmos del cine cutre que amenaza con acabar con nuestra realidad.

Y si resulta complicado es porque, llegado el momento —entiéndase por tal a los pocos, muy pocos, minutos de haber comenzado el «flin»— ‘Cinebasura. La peli’ abandona todo viso de coherencia y se abraza de forma desaforada a esputar durante todo su metraje toda clase de homenajes, más o menos evidentes, más o menos velados, al cine que homenajea con gran cariño: considerando que la intención inicial del proyecto era esa, arremeter contra la producción aludiendo lo destartalado de su devenir o lo puntualmente burdo de su humor —en el que, no podía ser de otra manera, abunda la sal gorda— es hacerle flaco favor a una cinta que no se rige, al menos no en su mayoría, por los cánones del cine comercial más común.

Eso sí, aún asumiendo tal diferencia, considero que la película cojea, si bien no de manera bochornosa, en que ese humor que hacia tantos lugares dispara, intente funcionar por acumulación en lugar de haber recurrido a una sutileza que, creo, habría beneficiado ostensiblemente a los resultados finales. En su lugar, Paco y sus compañeros redactores optan, como digo, por trabajar la búsqueda de la risa a empellones, consiguiéndolo en ciertos momentos pero quedándose en tierra de nadie en un buen porcentaje de las arremetidas. De entre las que sí funcionan, y lo hacen de una manera soberbia, me quedaría con el momento «found footage» —desternillante— y con una secuencia animada que es el mayor hallazgo humorístico de un metraje que, en contraposición, tiene bastante que ofrecer desde el punto de vista técnico a quien sepa separar el grano de la paja —no pun intended.

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Habiendo mamado —again, no pun intended at all— más cine del que muchos podríamos afirmar, el trabajo de Paco Fox y Miguel Angel Viruete detrás de las cámaras cuenta con muchas y muy afortunadas soluciones —tanto narrativas como de encuadres ingeniosos— que nos hacen preguntarnos cuánto hubiera mejorado la cinta de haber contado con un mayor respaldo presupuestario. Con todo, y aplaudiendo el esfuerzo hecho en sacar el máximo partido a los reducidos fondos con los que se sufraga el periplo, la cinta también se beneficia de ese «plagio autoconsciente» que es el score de Chuck Cirino hacia el amado tema de ‘Death Stalker’ con el que Paco y Viruete abrían sus incursiones «videofóbicas» y, por supuesto, de un reparto que se lo pasa bomba.

A colación de éste último cabría destacar la aparición de alguna cara conocida, la muy afortunada —sigh— intervención de Amarna Miller y ese actor que todos sabíamos que Paco llevaba dentro y que tan bien queda delante de la cámara haciendo de…¡¡¡él mismo!!! Porque Paco Fox, ante todo, es un personaje que mi viejo amigo lleva más de dos décadas construyendo, una versión exacerbada de sí mismo que arremete contra todo lo que se le pone por delante con un criterio y un juicio que en ocasiones resulta irrefutable y que, tornado aquí en héroe imposible, es responsable —al menos lo fue en mi caso— de las risas más sinceras que arranca ‘Cinebasura. La peli’. Un filme para un público muy concreto que, no obstante, arroja un mensaje muy claro, un misil dirigido a la línea de flotación de la crítica más gafapasta e insufrible del séptimo arte, esa que se hace pajas a dos manos con la Nouvelle Vague o el último artículo incomprensible de Caiman y que rechaza de pleno otro cine que no sea el «attístico». Y eso amigos, es IMPAGABLE.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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