[Blog Wars] El Motor de Improbabilidad Infinita

Corazon de Oro

El visionario Douglas Adams nos dejó una gran multitud de gadgets que bien podrían servir de artículos para esta Blog Wars entre Zona Fandom y XatakaMarvin el Androide Paranoide, un robot con personalidad deprimente (y que es el favorito de Radiohead); los sistemas que hacen posible Milliways, el Restaurante al Final del Universo (y por «final» no nos referimos a espacio); la propia Guía del Autoestopista Galáctico, el libro más colosal jamás creado (contiene toda la información interesante para el turista interplanetario); o incluso la mismísima Tierra, pues pronto sabemos que es un enorme sistema computacional diseñado para conocer La Pregunta sobre el Universo, la vida y todo lo demás (y cuya respuesta ya se sabe que es 42).

Es más, incluso barajamos la posibilidad de quedarnos con la toalla (¡Gracias a Alejandro por la idea!), que como bien se indica en la Guía, es el mejor recurso que necesita un autoestopista interestelar: «se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.» Sin embargo, hay un gadget fundamental en la saga que pensamos que es definitivo: El Motor de Improbabilidad Infinita.

El bueno de Douglas Adams

De izquierda a derecha: La Respuesta y el bueno de Douglas Adams, que se nos fue demasiado pronto

El Motor de Improbabilidad Infinita es un método nuevo y fantástico para recorrer grandes distancias interestelares en segundos, sin tener que ir a tontas y a locas por el hiperespacio. En cuanto el motor de improbabilidad infinita alcanza la improbabilidad infinita, pasa por todos los puntos posibles de todos los universos posibles de forma casi simultánea. En otras palabras, nunca sabes dónde vas a ir a parar, ni siquiera qué especie serás cuando llegues, por tanto es importante ir bien vestido. El motor de improbabilidad infinita se inventó a partir de estudios sobre la improbabilidad finita, que se empleaba para romper el hielo en las fiestas, haciendo que las moléculas de la ropa interior de la anfitriona saltasen treinta centímetros a la izquierda, de acuerdo con la teoría de la indeterminación. Muchos físicos respetables mostraron su desaprobación, en parte porque constituía una degradación científica, pero principalmente porque no los invitaban a esa clase de fiestas.

Es decir, que una nave con un motor de estas características en funcionamiento, se encuentra simultáneamente en cualquier punto del espacio y del tiempo, en cualquier universo posible o imposible, y tan sólo tienes que elegir en qué punto quieres terminar. Aunque el puente de mando está equipado con una barrera anti-improbabilidad, cualquier ser acostumbrado a la normalidad (probabilidad de 1 contra 1) se verá afectado por los efectos improbables que el motor provoca: pérdida momentánea de miembros, conversión en sofás, planetas que se convierten pasteles de fruta, misiles nucleares que se transforman en ballenas y macetas de petunias…

Ve el video en el sitio original.

El Motor de Improbabilidad Infinita en acción, como bien se refleja a la perfección en la, por otra parte, pésima adaptación cinematográfica

«Corazón de Oro» fue el prototipo de una nave capaz de usar un motor de improbabilidad infinita para desplazarse por el espacio. Durante su botadura, fue robada por Zaphod Beeblebrox, a la sazón Presidente de la Galaxia. Arthur Dent y Ford Prefect estaban entonces en la Tierra, que fue destruida por Vogones tan sólo cinco minutos antes de que calculara la Pregunta. Aunque saltaron a la nave vogona haciendo autoestop galáctico, fueron detectados y expulsados al vacío del espacio. Ambos terminaron dentro de «Corazón de Oro» junto con Zaphod y otra terrestre, Trillian, gracias a que la probabilidad de que fueran rescatados era exactamente de 2 elevado a la potencia del número de teléfono del piso en el que Arthur conoció a Trillian.

Y es precisamente por los efectos secundarios del motor de improbabilidad infinita por lo que se trató de buscar una alternativa. Ya que se sabe que nada viaja más rápido que las malas noticias, se investigó y creó un prototipo basado en esta energía, pero estas naves eran tan mal recibidas a donde quiera que iban, que el viaje no merecía la pena.

A su vez, estos sistemas fueron descartadas gracias al motor Bistromático, basado en las matemáticas alternativas usadas por los camareros en los restaurantes, con la ventaja de que no tiene los efectos laterales de la improbabilidad. Se ha comprobado que estos motores son más manejables que el de «Corazón de Oro», aunque ésta sigue siendo más rápida.

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Alkar @bidorto

Vivo en las afueras de Málaga. El tiempo que me deja libre mi trabajo como analista acústico me gusta dedicarlo a la subcultura. No recuerdo cuando empecé a leer cómics pero por casa, en Jerez, siempre hubo tomos de Asterix y grapas de Mortadelo. Lo que realmente me abrió a la cultura alternativa fue una partida de Star Wars d6. Al poco estaba en la reunión inaugural del Club Dragom, en Jerez. Gracias a este grupo montamos varias jornadas y pude probar de todo: MERP, Rolemaster, Ragnarok, Runequest, AD&D, La Llamada de Cthulhu, Cyberpunk, Vampiro, Lobo, Mago, Fanhunter, Shadowrun, Mutantes en la sombra, Magic, Battletech, Mechwarrior, Warhammer… hasta ¡Niños!, El Juego de Rol de los Niños de Goma. En esa época me volví irremediablemente Tolkiendili, y adicto a la literatura épica y fantástica. Poco antes de mudarme a Málaga me presentaron a Pratchett, y comenzó la caza de ejemplares descatalogados en ferias de ocasión. Increíblemente, encontré a una malagueña que, sin ser rolera, comparte muchos de mis gustos y hace chistes sobre la Patrulla X. Aceptó casarse conmigo, aunque no me dejó cortar la tarta con Nársil. “Mola, pero es un muy grande. Quizás un sable de luz…”

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