‘Black Mirror’, excelente miniserie que tienes que ver

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Este 2011 que ahora termina nos ha dado, como todos por otra parte, algunas obras producidas para enmarcar. Ya no para guardar en el recuerdo, sino para no dejar de recomendar e incluso hacerse con unas copias del DVD (cuando salga) e irlas distribuyendo porque toda ayuda es poca para difundirlas. Y en el terreno televisivo una de las mejores series de este año es algo que muchos no han dudado en llamar un gran experimento en tres episodios: ‘Black Mirror‘.

‘Black Mirror’ es una miniserie de tres episodios creada por Charlie Brooker (quien ya realizara la interesante ‘Dead Set’) y que fue emitida durante este mes de diciembre por la cadena británica Channel 4. En la tradición de las antologías televisivas cada episodio es una historia bien diferenciada con un tema en común: las nuevas tecnologías y cómo vivir en un mundo en el que la inmediatez de dichas tecnologías es el vehículo de la sociedad. Encontrándonos en cada episodio con una mordaz visión sobre la sociedad de hoy en día.

Por cierto advierto que, aunque no voy a soltar spoilers (tan solo las premisas de cada episodio) lo mejor es dejarse sorprender por completo por las historias, por lo que si quieres llegar vírgen al visionado lo mejor es que te saltes el siguiente epígrafe

Una antología de lujo

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Escrito por Charlie Brooker y dirigido por Otto Bathurst, ‘The National Anthem‘ es el episodio más transgresor de la serie, hecho que busca. Ha habido un secuestro de alto nivel (la princesa Sussanah, todo un icono en el Reino Unido) y el secuestrador subió a Youtube la “prueba de vida” y su reclamación: matará a la princesa a no ser que el Primer Ministro de Reino Unido Michael Callow (Rory Kinnear) aparezca en retransmisión mundial en todos los canales realizando sexo con un cerdo.

La noticia se propaga inmediatamente: se duplica el vídeo, hay comentarios por todas partes y la inmediatez de Twitter hace que medio mundo esté pendiente de la resolución de esta situación, y nosotros como espectadores también. Ya que Brooker demuestra precisamente atrapándonos con el episodio que el morbo nos va tanto como a los personajes de esta historia.

Le siguen otros dos episodios que usan la ciencia ficción (la variante social) como excusa para satirizar otras situaciones. ‘15 Million Merits‘ es un relato distópico ambientado en una sociedad consumida por el mercado del entretenimiento en el que la clase obrera dedica buena parte de sus horas generando energía en bicicletas estáticas, ganando puntos (“merits”) para gastar en sus necesidades y ocio con la única esperanza de “salir” de ahí gastándote una millonada para poder concursar en ‘Hot Shot’ un talent show que te puede catapultar a otros destinos.

Mientras que el tercer episodio está ambientado en un futuro en el que existen una especie de granos que sirven para almacenar nuestra memoria por lo que en cualquier momento podremos acceder y mostrar (“redo”) nuestros recuerdos. Esta historia se centra en una pareja y cómo el hecho de que se grabe todo puede ser peligroso y acabar con la confianza con nuestros prójimos.

‘Black Mirror’, reflexiones para el día de hoy

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Con ‘Black Mirror’ Charlie Brooker nos ha devuelto de golpe y porrazo una tradición que no debería irse: la antología. Cada episodio una historia con personajes y ambientación diferentes para conseguir realizar grandes historias como las tres que hemos visto este mes. Lo más importante de esta serie es que nos hace reflexionar mucho sobre la sociedad tan tecnológica y abocada a la industria del entretenimiento que vivimos hoy en día (aunque el tercero se desmarca algo en este sentido). Los tres episodios de ‘Black Mirror’ son una muestra de que todavía se puede hacer cosas muy interesantes e incluso innovadoras en televisor y que den para debatir su sentido. Una joyita que no me gustaría que os perdiérais.

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Albertini @Albertini

Cómics, libros y televisión es de lo único que practico diariamente. Si el tiempo me deja, de eso me gusta hablar en todos los sitios donde les convenza de que tengo criterio cuando en realidad no.

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