‘Barry Seal: El traficante’, la tierra de las oportunidades

Con Pablo Escobar en boca de muchos gracias a las dos magníficas temporadas que Netflix le ha dedicado al criminal colombiano con ‘Narcos’ —habrá que ver si la reinvención de la serie en su tercera temporada está a la altura de sus predecesoras—, es Universal la que el pasado viernes nos proponía visitar de nuevo el mundillo que rodeó al sanguinario narcotraficante de la mano de ‘Barry Seal: El traficante’ (‘American Made’. Doug Liman, 2017) —una vez más los encargados de los títulos en español se cubren de gloria— con una cinta protagonizada por esa estrella incombustible que es un Tom Cruise sobre el que descansa considerable responsabilidad de que la propuesta se sostenga más allá de su ejemplar acabado formal y sus fallas, que las tiene, no resulten ni tan evidentes, ni tan reprochables.

La probada eficacia e instantánea simpatía que el protagonista de la irregular ‘La momia’ (‘The Mummy’, Alex Kurtzman, 2017) despierta siempre en el respetable, es aquí hábilmente manejada para que la dudosa moralidad del personaje al que encarna —un piloto de la TWA que terminó sirviendo de mercenario de la CIA y que se enriqueció gracias al narcotráfico de mercancías del cártel de Medellín— no sea un elemento negativo, sino más bien la fortaleza primera y última con la que mantener nuestra atención y permanecer cautivados por el constante sorteo de las muchas peliagudas situaciones que se le plantearon a tan curioso personaje.

Adornado la realidad —esto es Hollywood, no un documental— a placer para hacerla mucho más cinematográfica, el guión de Gary Spinelli encuentra en un par de puntuales ideas los suficientes elementos como para ser aplaudido, quizás no de forma efusiva, pero aplaudido a fin de cuentas. La más notable de ellas, mucho más que la irónica descripción que realiza de la “América de las oportunidades” —que no dista mucho de la mirada cínica que sobre dicha cualidad yanqui ya hemos visto mil veces—, es la forma en la que, en constante avance y preso de un ritmo frenético, el libreto evita caer en su tercio final en la arquetípica descripción de la “caída” del personaje central que sigue a su fulminante auge. En lugar de ello, guión y película se las apañan para, levantando levemente el pedal del acelerador, seguir con paso firme hacia la conclusión de las casi dos horas de metraje.

Llegada ésta y echando la vista atrás, dos son los elementos que, por razones algo opuestas, resultan reseñables de ‘Barry Seal’. El primero es el espectacular trabajo de fotografía de César Charlone, que opta por una componente sucia y granulosa, provocando que nuestro inconsciente se traslade de forma inmediata a los años en los que discurre el filme —finales de los setenta, principios de los ochenta—. El segundo son los muchos altibajos que trufan la realización de Doug Liman: lejos de la brillantez que el cineasta gastó en ‘Al filo del mañana’ (‘Edge of Tomorrow’, 2014), las muchas ocasiones en las que uno se sorprende por lo mediocre de las decisiones narrativas o de encuadre del director juegan en contra del ritmo y la endiablada fluidez con la que discurre el conjunto.

‘Barry Seal: El traficante’, queda pues en una posición avanzada de la misma tierra de nadie a la que este año también han ido a parar, ya la otra apuesta de Liman —la inane ‘The Wall’— ya esa primera incursión en el Dark Universe con el que Universal pretende arracar una franquicia que, dados los pobres resultados de ‘La momia’, no sabemos si llegará a alguna parte. Sólo resta esperar que los próximos proyectos de cineasta y actor, juntos —podrían estar preparando no sólo una secuela de ‘Al filo del mañana’ sino otro filme de ciencia-ficción llamado ‘Luna Park’— o separados —Liman filma actualmente ‘Chaos Walking’ mientras Cruise hace lo propio con la sexta entrega de las aventuras de Ethan Hunt— traigan mejor fortuna a ambos artistas que tan buenos ratos nos han hecho pasar.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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