‘Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald’, más de lo mismo…pero oscuro, que vende más

Como quiera que fueron razonamientos que ya utilicé hace un par de años cuando hablamos por aquí, ya de las reacciones previas que provocó el anuncio de esta nueva franquicia enmarcada en el fecundo universo de Harry Potter —ese que ahora se llama Wizarding World—, ya de lo que servidor esperaba de un filme que llamaba la atención personal entre poco y nada, os remito a la entrada de ‘Animales fantásticos y donde encontrarlos’ (‘Fantastic Beasts and Where to Find Them’, David Yates, 2016) para evitar tener que soltar el “mismo rollo” otra vez. Más que nada porque, obviamente, a la vista de los mediocres resultados de la primera entrega de la presente pentalogía, lo que esperaba el viernes pasado cuando acudí al cine a ver ‘Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald’ (‘Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald’, David Yates, 2018) no superaba, al menos no de manera ostensible, la expectación levantada por su predecesora.

Bien es cierto que, revisada junto a mi pequeña —que en un plazo muy corto de tiempo, y con poco más de siete años, se ha convertido en una Potterhead de cuidado…para orgullo de su padre, cabría añadir— la primera instancia de unas precuelas que fallan ya desde su concepción por lo innecesario —vamos, lo mismo que todos pensamos cuando George Lucas anunció la segunda trilogía—, se veía con otros ojos, no mucho más benevolentes, pero diferentes a fin de cuentas; y que, contaminado por esa misma forma de dejarse llevar por el sentido de la maravilla, puedo entender que cierto sector del público alucine sin más con los 135 minutos sobre los que se prolonga ‘Los crímenes de Grindelwald’; pero, incluso tratando de colocarme en la posición de mi hija, no puedo evitar valorar esta producción como lo que es: un tostonazo que raya en lo insufrible durante hora y media de metraje y que aglutina todo el posible interés en 45 minutos finales que, espectaculares en lo visual, no hacen más que evidenciar lo tramposo e insostenible, no ya del conjunto, sino de toda la propuesta de la nueva saga.

Que los dos primeros actos hieren de gravedad a ‘Los crímenes de Grindelwald’ es algo que queda expuesto, quizás no por una dirección tan correcta como aséptica —y por momentos confusa…vaya batiburrillo de montaje que es el prólogo de la acción—, o por unas interpretaciones que se mueven en similares términos de corrección y asepsia —lo de Eddie Redmayne y Johnny Depp es de traca—, sino por un libreto que avanza de manera trastabillada; que cambia la tontería de ir paseando por Nueva York recogiendo bestias imposible por un deambular errático por París a la búsqueda de algo que nunca queda claro; que demuestra que por mucha imaginación que tenga, la Rowling no es muy ducha en eso de hilvanar sub-tramas de manera cohesiva —al menos no de cara a un guión cinematográfico, que es un animal muy distinto a una novela— y que, en última instancia, es alarmante escaparate de lo que ya he apuntado antes: que si hay un epíteto que se ajusta como un guante tanto a esta como a su antecesora, ese es el de INNECESARIO.

Innecesario es perder el tiempo dando vueltas y más vueltas sobre un supuesto misterio que se construye encima de una enorme torre de humo. Innecesario es que, para poder rellenar metraje, dicha humareda altere personajes por que sí, plantee situaciones que no vienen a cuento o, peor aún, abra vías que ni se moleste en cerrar porque, para qué. Innecesario es que el discurrir de la cinta acabe siendo una suerte de juego de agudeza visual mezclado con Trivial del universo de Harry Potter y que la “gracia” del asunto consista en meter, con calzador o sin él, cuantas más referencias al cosmos del mago, mejor. Pero innecesario es, sobre todo, que llegado el momento, y como ya pasaba en la primera parte, se recurra a un golpe de efecto final llamado a epatar a los espectadores más sugestionables, ese nutrido grupo de jóvenes que no van a pensárselo dos veces antes de dejarse desencajar la mandíbula por el muy inesperado giro que toman los acontecimientos de cara a la siguiente entrega, sin percatarse de lo mucho que prostituye aquello que les enamoró por primera vez de este mundo de magia.

Y no lo digo por decir, que no fueron pocas las expresiones de sorpresa desmesurada ni tampoco las interjecciones a lo “WTF?!!” que tuve que escuchar el otro día en el cine de boca de unos y unas Potterheads a los que la revelación previa al fundido a negro los llevó al borde del infarto. Tampoco es que tuviera que irme muy lejos cuando mi hija arrancaba en similares gestos y comentarios de estupefacción, maximizados, qué duda cabe, por la incomprensión de tener que observar el impávido rostro de su padre ante lo que acababa de acontecer, fiel reflejo éste del insignificante impacto que lograba conseguir la ¿verdad? detrás de cierto personaje.

Echando pues por tierra los ímprobos esfuerzos de Yates por ofrecer un espectáculo visual que se salde con algo más que bostezos o inadvertidas cabezadas, el guión de J.K.Rowling para ‘Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald’ apuesta fuerte como decimos porque su acto final, ese de las revelaciones y los enfrentamientos épicos, sea más que suficiente para compensar el descomunal desequilibrio al que quedan sometidos dos tercios de proyección tan poco memorables y originales como, lamentablemente, resulta también el score de James Newton Howard, que parece impregnarse de la ausencia de originalidad y crea una composición al uso, con sus momentos espectaculares cuando eso es lo que de ella se espera que no es capaz de desprenderse de la misma constante molestia que lastra al conjunto: la de estar asistiendo a un despilfarro de talento que bien podría haberse volcado en menesteres más originales.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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4 Comentarios

  1. Un personaje más carismático y habilidoso (la escena del rastreo me encantó), una época muy interesante (casi noir podría ser), un malo con muchas posibilidades…y nos hacen una peli sosa, con un giro de guión que roza el Deus ex Machina y con guiños vacíos por todas partes. Personalmente yo si que esperaba mucho más.

    • A mí es que el sr. Scamander ya no me hizo ninguna gracia en la anterior, y en esta, que tiene menor protagonismo, menos todavía. En cuanto al guión, ya lo digo en el artículo: la Rowling se ha venido arriba creyendo que puede con todo y debería pararse y reflexionar sobre sus muy limitadas capacidades como guionista.

  2. Por cierto, que guay tener hijos con los que compartir aficiones. Yo tengo una Potterhead y fan de Star Batterfly (algún día deberíais hablar de esa extraña revisión de Sailor Moon) y un otaku pequeñito fan de los power rangers. Y es una liberación.

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