‘Alita. Ángel de combate’, entre el cielo y el suelo

Largamente acariciado por James Cameron y finalmente traducido en reservarse las tareas de co-guionista y productor y delegar en Robert Rodríguez las labores de realización, el sueño de llevar ‘Gunmm. Battle Angel Alita’ a la gran pantalla por fin ha tomado forma. Y lo ha hecho con un filme algo desigual que, fascinante en muchos aspectos, contrapesa éstos con demasiadas trabas para no ser tenidas en cuenta, ya pertenezcamos a ese nutrido grupo que venera al manga de Yukito Kishiro como una de las cumbres del cómic nipón o, por el contrario, no se tenga a éste más que por otro título llegado del país del sol naciente.

Sea como sea —en mi caso, y aún habiendo sido uno de los primeros títulos que leí hace veintisiete años con el masivo desembarco del manga en nuestro país, nunca terminé de apreciar lo que otros veían en la obra de Kishiro—, y como ya hemos argüido en infinidad de ocasiones, se aprecie o no al tebeo, se le tenga o no como un dechado de virtudes de toda clase, de loque estamos hablando aquí es de una producción cinematográfica cuyas necesidades narrativas nada tienen que ver con las que requiere una historia contada en viñetas. Y si bien Cameron y Laeta Kalodigris —la co-guionista del filme, que fuera productora ejecutiva de ‘Avatar‘ (id, James Cameron, 2009) y creadora de ‘Altered Carbon’— entienden a la perfección dicha diferencia, y muchos son los detalles que, bajo tal entendimiento, sirven para reestructurar el relato original, hay algo de lo que ‘Alita. Ángel de combate’ (‘Battle Angel Alita’, Robert Rodríguez, 2019) peca en exceso durante su metraje. Una sombra que sobrevolaba inquieta sobre ‘Avatar’ y que adquiere aquí formas aún más sonrojantes: sus diálogos.

No es que la descripción de personajes sea impecable —antes bien, salvo Alita, el resto están trazados con variable torpeza—, pero al menos el trabajo realizado en esa dirección da muchos más frutos que los que se derivan de unos cruces de frases que sacan a empellones de la acción en no pocos momentos del filme, haciendo que éste, aún con toda su parafernalia visual —de la que ahora hablaremos— se sienta como algo artificioso, desnaturalizado y, por supuesto, de un ridículo que raya en la vergüenza ajena. Si, para colmo, a lo mediocre de éstos unimos un guión que no brilla con homogénea intensidad a lo largo de la proyección, se hace más que obligado afirmar sin resquicio de duda, antes de entrar a desgranar todo lo positivo —e incluso maravilloso— que atesora ‘Alita’, que la cinta dista mucho del sobresaliente que, por otra parte, hubiera merecido dado los ímprobos esfuerzos que se han hecho por trasladar, tal cual, el futuro distópico imaginado por Kishiro a comienzos de los 90.

Cubriendo un tercio de lo que el autor japonés narró en la primera de las tres grandes series que conforman su creación —las otras son ‘Last Order’ y ‘Mars Chronicles’— y, como decía, alterando acciones, cambiando personajes y añadiendo otros nuevos —e insufribles, como es el caso de la Chiren encarnada por Jennifer Connelly—, es sin duda la asombrosa factura visual de ‘Alita’ la que convence por goleada y la que justifica de manera obligada el acercarnos a los cines a ver la película. Como lo habéis leído: si os gusta el cine de ciencia-ficción, ver esta producción es un peregrinaje forzoso por cuanto lo que aquí plantean Rodríguez, Cameron y los chicos de Weta, Double Negative y otras pequeñas compañías, sirve para dar un paso de gigante, como ya lo hiciera ‘Avatar’ hace una década, en los límites de lo que los efectos digitales pueden llegar a ofrecernos.

Los que han podido disfrutarla en IMAX afirman que ‘Alita’ es una de esas experiencias cinematográficas que no se olvida. Como quiera que por estas latitudes no tenemos la suerte de contar con tales sistemas de proyección, con lo que nos hemos tenido que conformar es con un 3D que se alza igual de obligado que el ver la cinta como ya pasara con ‘Avatar’: la profundidad que las tres dimensiones aportan a Ciudad de Hierro, sus calles, locales y, por supuesto, a las dos o tres ocasiones en las que nos metemos de lleno en el fragor del Motorball son el complemento perfecto a la profusión con la que se diseña el microcosmos en el que tiene lugar la acción; y da igual a dónde miremos, que siempre hay algún detalle que captar.

Y si todo lo que rodea a los personajes es fastuoso, lo que se hace con éstos en términos de diseño no se queda atrás: recogiendo todo el trabajo de Kishiro y llevándolo un paso más allá, resulta alucinante tanto ir dando cuenta de la genialidad que es cualidad inherente a los muchos cyborgs que aparecen y desaparecen en pantalla, como atender a lo que se ha logrado con la captura de movimiento en una Alita que, pasados dos minutos, consigue que nos olvidemos de sus grandes ojos, y nos deja epatados una y otra vez, ya por la naturalidad y gracilidad que han conseguido los técnicos de efectos visuales en sus movimientos y gestos faciales; ya por el sumo carisma que Rosa Salazar ha logrado conferir al personaje.

Apoyado todo lo anterior en una realización impecable por parte de Robert Rodríguez —es maravilloso que todo lo que pasa en las secuencias de acción quede recogido con claridad y sin necesidad de marear al respetable— y subrayado por una partitura de Junkie XL que cumple sin estridencias y se marca algún tema bastante potente, he de finalizar esta entrada con una última nota negativa que subraye el que se me antoja último error del filme: su final. A la luz de lo que se ve en él, es obvio que la Fox quiere que este sea el primer escalón de una franquicia. Pero una cosa son las pretensiones y otra la realidad: si el filme no funciona en taquilla y nunca llegan a concretarse continuaciones, lo que nos habrá quedado es una primera parte inconclusa con un final demasiado abierto y precipitado. De nuevo, entiendo la intención, pero no la confianza ciega de la productora en que la película vaya a obrar mil maravillas en términos de recaudación, ni la equivocación de los guionistas en no haber planteado un libreto que cerrara de manera más cohesiva esta potencial entrega inicial.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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1 Comentario

  1. No se Si la película ha sido «suavizada» pero el nivel de desasosiego que producía el manga, la sensación de nihilismo, de que no somos nada…no es para todos los públicos. No creo que puedas basar una franquicia en eso. Y no digamos nada si tiran de la continuación. Leí un poco por curiosidad y de verdad que tuve que dejarlo por cruel y gratuito.

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