‘Abominable’, ternura e imaginación

Finalizada la trilogía de ‘Cómo entrenar a tu dragón’ que tantísimas y tan grandes alegrías nos ha dado a los amantes del cine de animación, y con la correspondiente a ‘Kung Fu Panda’ también ¿cerrada? desde hace tres años, en Dreamworks tienen que andar como locos a la búsqueda de una nueva franquicia animada con la que meter beneficios en sus arcas. No sé si ‘Abominable’ (id, Jill Culton, Todd Wilderman, 2019) será la respuesta a esa búsqueda —ojo, que lo de la franquicia es una suposición fundamentada en que, hoy por hoy, los grandes estudios sólo apuestan por secuelas y casi siempre sobre seguro, pero no deja de ser una suposición— pero lo cierto es que le sobra potencial por los cuatro costados para que, si la cinta funciona en taquilla, dar vía libre a una o dos secuelas que extiendan el maravilloso imaginario que se ha generado aquí.

Antes de comenzar, en una disquisición algo tangencial, resulta llamativo lo que el despertar del gigante chino en términos de incidencia en el mercado global del cine está suponiendo para según qué producciones. En el caso de ‘Abominable’ lo que encontramos es una aventura que cumple un claro doble propósito: entretener al público, lo habitual en cualquier película, y servir como una suerte de guía turística del país en la que se muestran los paisajes más idílicos y la extraordinaria belleza que albergan las fronteras de China. Quizás algo descarada en este segundo objetivo, máxime por cómo parece metido con calzador en algunas ocasiones, prefiero mirarlo más por el lado pedagógico de poder asomarnos a apuntes, por muy leves que éstos sean, sobre tan vasto país que a considerarlo un mero panfleto de agencia de viajes.

Y si me inclino a ponderarlo de manera tan positiva es por el mimo y el extremo cariño que se ha puesto por parte del equipo creativo en que la China que aquí se nos muestra sea una llena de magia y de rincones por descubrir: tanto si hablamos de esa Shanghai algo idealizada de la que se nos muestra los fuertes contrastes entre las dos caras de la cultura del «motor del mundo» —la tradicional y la tecnificada— como si lo hacemos de los bucólicos paisajes por los que se mueven los personajes camino del Everest, está muy claro que, de la misma manera que viene pasando en las producciones Pixar, la tecnología usada por Dreamworks para concretar los escenarios ha llegado a un nivel de realismo que en muchos momentos de la proyección resulta harto complicado poder afirmar a ciencia cierta que lo que tenemos delante no es real.

Con multitud de ejemplos que rubrican ese hiperrealismo con el que se trata todo lo concerniente a objetos inanimados, hay dos instantes en los que la espectacularidad de la apuesta de ‘Abonimable’ encierra tal belleza que es virtualmente imposible no quedarse ojiplático y boquiabierto ante el logro de los técnicos de Dreamworks: la secuencia del surf por las olas de flores amarillas y aquella en la que los protagonistas sobrevuelan las cumbres del Himalaya flotando sobre nubes. Ambas, junto con otras que no le van a la zaga, son garante de que, al menos en lo estrictamente visual, ‘Abominable’ no defraude a los que esperen mucho de ella, y si a las cualidades ya citadas unimos un espléndido diseño de personajes a cada cuál más carismático, la garantía se hace, obviamente, mayor.

Entre ellos, son el entrañable Yeti y la no menos entrañable Yi los que más quedan en el recuerdo al tiempo que, en otro extremo del espectro, exponen de forma más evidente lo mucho que ‘Abominable’ se mira, en cierto modo, en tratar de generar la misma sinergia que encontrábamos en ‘Cómo entrenar a tu dragón’ (‘How to Train Your Dragon’, Dean DeBlois, Chris Sanders, 2010) entre Hipo y Desdentao, heredada a su vez de aquella que ambos cineastas habían ensayado en la genial ‘Lilo y Stitch’ (‘Lilo & Stitch’, Chris Sanders, 2006). Afortunadamente, la separación que se establece entre Everest, el Yeti, y el dragón y extraterrestre predecesores es considerable, y aunque en lo que respecta a «achuchabilidad» la bola de pelo blanco y grandes ojos está a la altura de los personajes que le sirven de marco referencial, se separa lo suficiente de ellos como para alzarse en un nuevo paradigma.

Emocionante, divertida, a ratos hilarante y, por supuesto, algo previsible —y no es fallo del cine al que se adhiere, el de animación, sino defecto de serie de las historias orientadas a los más pequeños— ‘Abominable’ no llega a las magistrales cotas que Dreamworks alcanzaba con la trilogía de los vikingos y los dragones, pero establece un potencial primer escalón para que, de querer continuar explorando este pequeño cosmos que han creado con mucha imaginación y cariño, puedan hacerlo con nuestro incondicional aplauso. Que sí, que a ellos nuestro apoyo les dará igual, pero aún así, cuentan con él para volver a las heladas cumbres del techo del mundo y seguir inundando con la magia del Abominable hombre de las nieves las pantallas de medio mundo.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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